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viernes, 27 de enero de 2023

Los inicios de la sociedad actual. Las revoluciones americana y francesa en un breve recorrido cinematográfico (2).

 La Revolución Americana.

AMÉRICA ENCIENDE LA PRIMERA MECHA.

 Las colonias británicas de Norteamérica tenían el claro hándicap de la distancia. 

Cinco mil kilómetros de océano dificultaban la comunicación con la metrópoli. Pero la distancia no era sólo física sino también social: las sociedades que habitaban a un lado y otro del Atlántico se configuraron de forma muy distinta y su posterior evolución implicó un distanciamiento cada vez mayor con el paso del tiempo, por muchos y muy diversos motivos. 

Gran Bretaña, incluso siendo uno de los países más evolucionados de Europa, se movía todavía con pautas de sociedad aristocrática y estamental, mientras que en América empezaba a predominar una clase alta y media que quería imponer otros valores. No es que no hubiese ricos y pobres – desde luego no se trataba de la encarnación de Utopía-, pero no existía una aristocracia hereditaria (la que había residía en la metrópoli) ni tampoco el peso de una iglesia que pudiese apoyar determinado e inconmovible establishment. 

La idea de que si uno trabajaba y se esforzaba podría mejorar su situación personal, más allá de las condiciones de su nacimiento o de su riqueza, caló extraordinariamente en suelo americano (hasta el extremo de que todavía hoy hay gente de aquellos lares que se la sigue creyendo). Entre 1764 y 1775 se produjeron toda una serie de desencuentros entre el gobierno de Londres y sus súbditos norteamericanos (las 13 colonias estaban sujetas al llamado “Pacto colonial”), desencuentros que provocaron un extraordinario avivamiento de sentimientos independentistas y otros muchos conflictos que acabaron estallando en una guerra y una ruptura definitiva de relaciones. ¿La espoleta?: una subida de impuestos, pero también crispó los ánimos la prohibición de que los colonos se estableciesen en nuevos territorios situados más al oeste, lo que hizo temer que el gobierno inglés pudiese querer venderlos para pagar los gastos de sus guerras en el continente europeo (contra Francia).

 Tanto la llamada “Ley del Timbre” (Stamp Act, impuesto sobre sellos, documentos públicos y prensa, 1765) como la “Ley del Té” (impuesto sobre diversos productos además del té: vidrio, plomo etc.) consiguieron aunar movimientos de rechazo y la conciencia de que los “americanos” debían tener voz propia (1) fue creciendo a velocidad exponencial. 

Las protestas que se desataron contra los nuevos impuestos fueron, dentro de la más pura tradición autoritaria, reprimidas con contundencia lo que contribuyó a enardecer todavía más los ánimos (desde luego, no consiguieron en absoluto aplacarlos). El 16 de diciembre de 1773 un grupo de colonos disfrazados de indios Mohawk, asaltaron un barco perteneciente a la Compañía Británica de las Indias Orientales y lanzaron por la borda todo su contenido de té: cientos de fardos de la preciada mercancía fueron a parar a la bahía de Boston para alimentar a los peces. 

El gobernador inglés se lo tomó muy mal y ante su reacción desproporcionada otras colonias se sumaron a la causa. En el I congreso continental de 1774 (5/9/1774), reunido en Filadelfia, con 51 delegados de las 13 colonias, se acordó el derecho de éstas a decretar su propia legislación y se asumieron funciones de auto-gobierno. También se autorizó el reclutamiento de un ejército para oponerse a la opresión británica poniendo al frente del mismo al propietario de una plantación de Virginia: George Washington. 

En agosto de 1775, Gran Bretaña declaró a las colonias americanas en estado de rebelión. 

El 4 de julio de 1776 (desde entonces fiesta nacional norteamericana), las colonias respondieron con otra declaración: por doce votos a favor, ninguno en contra, y la abstención de Nueva York, los delegados aprobaron la Declaración de Independencia americana (El II Congreso continental, de nuevo en Filadelfia, heredero del primero, comenzó sus reuniones en Mayo de 1775 y organizó a los estadounidenses en la guerra contra Gran Bretaña).

 La importancia y trascendencia posterior de la Declaración de Independencia fue enorme. 

 Para diversos historiadores fue el “precedente de todo”, ya que surgió un nuevo estado que se regiría por valores e instituciones inspiradas en el pensamiento liberal e ilustrado, en las antípodas de lo que sucedía en Europa. La guerra no fue algo breve: se alargó durante ocho años y fueron muchos los estados europeos que jugaron un papel en la misma (franceses, españoles y holandeses apoyaron a los colonos en la esperanza de favorecer sus propios intereses, o perjudicar los de los ingleses, más que por verdadera comprensión ideológica). 

Las fuerzas rebeldes estuvieron en muchas ocasiones a punto de ser derrotadas (2), pero al final triunfaron y en 1783 se firmó en París la Paz de Versalles en la que Gran Bretaña reconocía la independencia de las 13 colonias (y en el que Francia obtenía Tobago y Senegal y España, Menorca y la Florida, pero no el dichoso Gibraltar perdido en 1713). 

Pocos años después, el 17 de septiembre 1787, los representantes de las trece colonias se reunían de nuevo en Filadelfia y aprobaban la que sería la primera constitución escrita de la historia (3). La carta magna norteamericana entró en vigor en el verano del siguiente año certificando de forma oficial el nacimiento de los Estados Unidos de América (un hecho esencial y determinante de la historia contemporánea mundial). ¿Consecuencias? Como he mencionado antes, muchas y muy importantes... y las veremos en el próximo post.

Notas:

(1) A nivel político los norteamericanos contaban con muy poca autonomía. No poseían representación en el Parlamento británico, de ahí que muchos colonos respondieran con el lema de: “Ni una imposición sin representación”. Ya que a las colonias no se les permitía elegir miembros del Parlamento tampoco tendrían por qué soportar la imposición de unos impuestos sobre los que no habían tenido ni voz ni voto.

 (2) El ejército inglés era mucho más grande –unos 20.000 hombres, que se fueron incrementando paulatinamente- y estaba, lógicamente, bastante mejor pertrechado que el norteamericano –aprox. 8000 hombres- que hubo que formarlo con voluntarios (muy patriotas, pero indisciplinados) y que contaba con un equipamiento bastante inferior. El conocimiento del terreno y las dificultades de la metrópoli para seguir abasteciendo a su ejército (amén de la ayuda de algunas potencias europea) pusieron las cartas a favor de los rebeldes. La victoria de Saratoga, el 17 de octubre de 1777, fue el espaldarazo definitivo a favor de los americanos aunque no supuso ganar la guerra que se alargó hasta 1783. 

(3) Sobre la Constitución americana existen multitud de estudios especialmente desde el punto de vista político y jurídico. Para una visión general ver el link de Wikipedia:

Constitución de los Estados Unidos - Wikipedia, la enciclopedia libre

Declaración de Independencia: Texto completo | CNN

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Texto: Javier Nebot

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