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miércoles, 11 de marzo de 2026

3. 1870-1920. La Guerra Franco-Prusiana y el nacimiento violento de la Europa moderna (2 de 2).

 La Comuna de París y el nacimiento de la Tercera República (1871-1880) 

 1. Francia tras la derrota de 1870 

 La derrota francesa en la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871) provocó, como ya hemos visto en la entrada anterior, el colapso del Segundo Imperio de Napoleón III y abrió uno de los periodos más convulsos de la historia contemporánea francesa. 

 Si el 2 de septiembre de 1870 el emperador francés fue hecho prisionero en Sedán, el 4 de septiembre en París ya se proclamó la República en París. El régimen imperial que había gobernado Francia durante dos décadas se derrumbó totalmente en tan solo unas horas. Inmediatamente se formó el Gobierno de Defensa Nacional, compuesto principalmente por republicanos moderados.

Tercera República francesa - Wikipedia, la enciclopedia libre

Vista de ¿Un «régimen honesto»? Soberanía y virtud en la República francesa (1870-1940) | Ayer. Revista de Historia Contemporánea

Muchos ministros del Imperio desaparecieron de la vida política o se retiraron. 

Otros fueron investigados por la derrota militar. En 1871 la Asamblea Nacional abrió una comisión de investigación sobre las responsabilidades de la guerra. Algunos ministros imperiales fueron juzgados políticamente por su papel en el desastre. Sin embargo, la mayoría no sufrió persecuciones judiciales severas, porque el nuevo régimen quería estabilizar el país.

En términos generales ocurrió lo siguiente: parte de la élite imperial se retiró de la política; algunos se integraron en el campo monárquico conservador; unos pocos terminaron colaborando con el nuevo régimen republicano. Quizás el caso más interesante sea el de  Émile Ollivier que fue el último jefe de gobierno de Napoleón III y uno de los impulsores de la guerra contra Prusia. Tras la derrota fue duramente criticado, abandonó la política activa y vivió en relativo retiro.

No participó en la construcción del nuevo régimen, pero siguió escribiendo sobre la política del Imperio. Émile Ollivier - Wikipedia, la enciclopedia libre

Otro caso digno de reseñar sería el del Eugène Rouher que había sido uno de los ministros más influyentes de Napoleón III. Tras la caída del Imperio Rouher se convirtió en líder del bonapartismo defendiendo a capa y espada la restauración de la dinastía. Nunca se integró en la República.


Continuidad administrativa

Aunque muchos ministros imperiales desaparecieron, gran parte del aparato administrativo del Estado permaneció, a pesar de las circunstancias, intactoprefectos, altos funcionarios, diplomáticos, magistrados...Esto permitió que la transición política no paralizara completamente el país.

Se constituyó un Gobierno de Defensa Nacional que pretendía continuar la guerra contra Prusia mientras organizaba la transición política. Entre sus principales figuras se encontraban: 

 -Léon Gambetta.

 -Jules Favre. 

 -Adolphe Thiers. 

 Mientras tanto, París quedó sitiado por el ejército prusiano entre septiembre de 1870 y enero de 1871. El asedio provocó hambre, inflación y un profundo radicalismo político entre sectores populares, especialmente entre los trabajadores y la Guardia Nacional, una milicia ciudadana que había adquirido gran autonomía durante la guerra. Cuando el nuevo gobierno decidió firmar el armisticio con Prusia en enero de 1871, muchos parisinos interpretaron la decisión como una traición. Este resentimiento sería el caldo de cultivo de la insurrección.

Las negociaciones de paz fueron llevadas principalmente por el gobierno republicano surgido tras la caída del Imperio. La figura central fue Adolphe Thiers que fue enviado por el nuevo gobierno a negociar con el canciller alemán Otto von Bismarck.


Estas negociaciones se desarrollaron en dos fases:

1. El armisticio (enero de 1871). El armisticio que puso fin a los combates fue firmado por Jules Favre, ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de Defensa Nacional. Negoció directamente con Bismarck en Versalles. Las condiciones, como vimos en el post anterior fueron duras: elecciones rápidas para una Asamblea Nacional y continuación del sitio de París hasta ratificar la paz.

2. El tratado de Frankfurt (mayo de 1871)Después de las elecciones de febrero de 1871, la Asamblea Nacional eligió a Adolphe Thiers como jefe del poder ejecutivo. Thiers dirigió las negociaciones definitivas con Alemania. El resultado fue el Tratado de Frankfurt, firmado el 10 de mayo de 1871 y cuyas condiciones -demoledoras- ya vimos:  cesión de Alsacia y parte de Lorena, indemnización de 5 mil millones de francos y ocupación militar alemana hasta el pago de la indemnización.

Las negociaciones tuvieron varias consecuencias importantes:

La primera de ellas es que legitimaron a la nueva República. Muchos franceses culpaban al Imperio de la guerra y fue la República la que tuvo que firmar la paz. Esto fortaleció entre muchos sectores de la población la autoridad política de Thiers.

La segunda (y muy importante a largo plazo) es que alimentaron el revanchismo. La pérdida de Alsacia-Lorena se convirtió en un verdadero trauma nacional. Durante décadas aparecería en la prensa, pero también en la escuela, la literatura, y, por descontado, en la política.

Podemos añadir a la lista de consecuencias que las negociaciones condicionaron la política europea ya que el tratado estableció la hegemonía alemana en el continente. Por esta razón Bismarck trató posteriormente de aislar diplomáticamente a Francia.

Con todo, la transición entre el Segundo Imperio y la Tercera República fue menos abrupta de lo que a veces se piensa. Aunque el régimen imperial desapareció tras Sedán, gran parte de la élite administrativa y política sobrevivió a la catástrofe. Las negociaciones de paz con Alemania fueron dirigidas por republicanos moderados -especialmente Thiers y Favre- que intentaron salvar lo que quedaba del poder francés aunque, como hemos señalado, la humillación del Tratado de Frankfurt marcaría profundamente la política y la cultura francesa durante las décadas siguientes.

Entre las reacciones, como en señalado en un párrafo anterior, hubo con contar con una de extraordinaria e inusitada potencia: la sublevación del pueblo en París.

El surgimiento de la Comuna

Las elecciones legislativas de febrero de 1871 dieron la victoria a una mayoría monárquica y conservadora, dominada por representantes rurales que deseaban terminar la guerra y restablecer el orden. La Asamblea Nacional se instaló en Versalles, lejos del ambiente revolucionario de París, y eligió como jefe del poder ejecutivo a Adolphe Thiers.

Thiers tomó dos decisiones que radicalizaron la situación:

  1. Suspender la moratoria de pagos de alquileres y deudas que había protegido a la población durante el asedio.
  2. Intentar retirar los cañones de la Guardia Nacional estacionados en Montmartre.

La madrugada del 18 de marzo de 1871, tropas enviadas por el gobierno para recuperar los cañones fueron rodeadas por la población. Parte de los soldados se negaron a disparar contra la multitud. Dos generales del ejército fueron capturados y ejecutados por la Guardia Nacional: Claude Lecomte  y Jacques Léon Clément-Thomas.




Fotomontaje de la época, suponiendo una ejecución reglamentaria, cosa que no fue ya que se trató de un linchamiento.

Ante el caos, el gobierno se retiró a Versalles. París quedó en manos de los insurrectos y de esta manera nació la Comuna de París.

La organización de la Comuna

El 26 de marzo de 1871 se celebraron elecciones municipales que crearon el Consejo de la Comuna, una asamblea revolucionaria que pretendía gobernar la ciudad de forma autónoma. Entre los protagonistas más destacados figuraban: Louis Rossel (1844-1871); Louise Michel (1830-1905), Charles Delescluze (1809-1871), Raoul Rigault (1846-1871) y el famoso pintor realista Gustave Courbet (1819-1877).










El movimiento distaba mucho de ser ideológicamente homogéneo

Comuna de París - Wikipedia

En él convivían republicanos radicales, socialistas, jacobinos, blanquistas (seguidores de Louis Auguste Blanqui de extrema izquierda), anarquistas y miembros de la Primera Internacional. Las medidas adoptadas por la Comuna reflejaban un programa inusitadamente avanzado de democracia social y municipal: separación entre Iglesia y Estado, abolición del trabajo nocturno en panaderías, autogestión obrera de talleres abandonados, educación laica, supresión del ejército permanente y elección de cargos públicos revocables.

Sin embargo, el gobierno comunal tenía graves problemas: escasa coordinación militar, divisiones ideológicas internas, aislamiento político frente al resto de Francia. Durante dos meses, París vivió una experiencia revolucionaria realmente singular. Se reorganizaron clubes políticos, periódicos y comités populares. Las mujeres desempeñaron un papel importante en la movilización política y social. Entre las figuras más visibles estuvo la ya mencionada Louise Michel. La ciudad también experimentó, a pesar de las grandes dificultades inherentes a la situación, una intensa vida cultural y política: debates públicos, reorganización educativa y proyectos de democratización artística.

No obstante, la situación militar era cada vez más precaria. El gobierno de Versalles reorganizó el ejército y preparó el asalto a la capital.

La Semana Sangrienta. 

 El final llegó en mayo de 1871. El 21 de mayo, el ejército de Versalles logró entrar en París por la puerta de Saint Cloud. 

Durante una semana se desarrollaron combates calle por calle. Este periodo se conoce como la “Semana Sangrienta” (21-28 de mayo de 1871). Las fuerzas gubernamentales aplastaron la insurrección con enorme violencia. Se calcula que murieron entre 10.000 y 20.000 comuneros, aunque las cifras exactas siguen siendo objeto de debate historiográfico. 

 Entre los líderes ejecutados o muertos durante los combates se encontraban: Charles Delescluze, Louis Rossel y Raoul Rigault. El gobierno ejecutó sumariamente a miles de combatientes tras tribunales militares.

Tras la derrota, el régimen republicano organizó una represión sistemática, para intentar imponer el orden. Unas 40.000 personas fueron arrestadas. Miles fueron condenados a prisión o deportación. El destino más habitual fue Nueva Caledonia, colonia penal francesa en el Pacífico. 

 Entre los deportados más conocidos se encontraba Louise Michel aunque fue capaz de sobrevivir a tan ruda experiencia. También fue condenado el pintor realista Gustave Courbet a quien se le responsabilizó de la destrucción de la columna Vendôme, símbolo del militarismo napoleónico. Arruinado por las indemnizaciones, murió exiliado en Suiza pocos años después (1877).

Masacre. Vida y muerte en la Comuna de París de 1871 | Reseñas de novedades


 Impacto social en Francia.

 La Comuna dejó una profunda huella psicológica en la sociedad francesa. Para las élites políticas y económicas, se convirtió en el símbolo del terror revolucionario y del peligro del socialismo urbano. Para los movimientos obreros, en cambio, la Comuna fue vista como un martirio revolucionario. Durante décadas se mantuvo una memoria profundamente dividida de estos hechos. 
 Las consecuencias políticas más inmediatas fueron: 
 -reforzamiento del orden estatal. 
 -miedo duradero a la revolución social. 
 -consolidación de un republicanismo moderado.


La Comuna también tuvo una enorme repercusión en Europa. 
 Fue interpretada de maneras muy distintas según quien hiciese el análisis y la ideología que lo inspirase. 
Para Karl Marx fue el primer ejemplo de una “dictadura del proletariado”. Para los conservadores europeos representó, desde luego, la viva encarnación del caos revolucionario. Muchos gobiernos reforzaron sus políticas represivas frente al movimiento obrero ante la posibilidad de que se repitiesen hechos similares. 
 En la cultura política europea, la Comuna se convirtió para algunos en un verdadero mito revolucionario, para otros en una advertencia contrarrevolucionaria y para una gran mayoría en símbolo del conflicto social moderno.

Con todo y a pesar de su origen traumático, la Tercera República terminó consolidándose
 Sus primeros años estuvieron dominados por tensiones entre republicanos y monárquicos. 
 Entre las figuras centrales de esta etapa destacan: 
-Adolphe Thiers (1797-1877), presidente provisional de la Tercera República (1871-1873);
-Patrice de MacMahon (1808-1893), presidente de la Tercera República de 1873 a 1879;


  -Léon Gambetta (1838-1882). Masón y republicano intransigente. Ministro de la guerra en el Gobierno de Defensa Nacional. Líder de la izquierda republicana, fundó el periódico "La República Francesa". Posteriormente Presidente de la Asamblea Nacional francesa (1879/1881), jefe de gobierno y ministro de exteriores.


En 1873 Thiers dimitió y fue sustituido por el mariscal Mac-Mahon, representante de un republicanismo conservador con simpatías monárquicas. Sin embargo, el proyecto de restauración monárquica fracasó debido a divisiones entre legitimistas y orleanistas.
Entre 1875 se aprobaron las leyes constitucionales que establecieron la estructura del nuevo régimen: Presidente de la República, parlamento bicameral y sistema parlamentario.  Este marco institucional consolidó definitivamente la Tercera República.
El momento decisivo llegó en 1877, cuando el presidente Mac-Mahon intentó limitar el poder del Parlamento. 
 La victoria electoral republicana obligó al presidente a aceptar la primacía parlamentaria. En 1879 Mac-Mahon dimitió y fue reemplazado por Jules Grévy.
  A partir de ese momento el régimen republicano quedó firmemente establecido. 
 Entre 1879 y 1880 se adoptaron varias medidas simbólicas: 
-Regreso del gobierno a París. 
-Amnistía parcial para los comuneros.  
-Consolidación del sistema parlamentario.
  La década siguiente vería el auge del republicanismo reformista de figuras como Jules Ferry.

Como conclusión de esta década en Francia se puede afirmar que la Comuna de París fue uno de los acontecimientos más dramáticos de la Europa del siglo XIX. 
 Nacida del trauma de la derrota militar, combinó aspiraciones democráticas radicales con una experiencia revolucionaria breve y violenta. 
 Su derrota reforzó el miedo al socialismo entre las élites, pero también dejó un poderoso legado simbólico para el movimiento obrero internacional
 Al mismo tiempo, la represión de la Comuna y el fracaso de la restauración monárquica permitieron la consolidación de la Tercera República, que terminaría convirtiéndose, a pesar de todos sus fallos, en el régimen político más duradero de la Francia contemporánea.


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martes, 17 de febrero de 2026

2. 1870-1920. La Guerra Franco-Prusiana y el nacimiento violento de la Europa moderna (1 de 2).

 Si hubiera que fijar un momento simbólico que inaugura el ciclo histórico europeo que culminará en 1914, ese momento sería la Guerra Franco-Prusiana. 

1870-1920. La Guerra Franco-Prusiana y el nacimiento violento de la  Europa moderna

No se trató del conflicto más largo ni el más sangriento del siglo XIX, pero sí fue uno de los más decisivos. 

En menos de un año -desde el 19 de julio de 1870 hasta el 10 de mayo de 1871- se alteró el equilibrio continental, se proclamó el Imperio alemán y Francia sufrió una humillación política cuyas consecuencias trastocarían la vida de los franceses y marcarían a generaciones. La guerra fue breve, sí; pero sus efectos, profundos y duraderos. 

El enfrentamiento comenzó oficialmente el 19 de julio de 1870, cuando el Segundo Imperio francés declaró la guerra al Reino de Prusia. El conflicto terminó formalmente con el Tratado de Frankfurt el 10 de mayo de 1871, tras la capitulación francesa.

Tratado definitivo de paz entre Francia y Alemania (Frankfort el 10 de mayo de 1871) - Derecho Internacional Público - dipublico.org

https://www.zumalakarregimuseoa.eus/es/blog/guerra-franco-prusiana-1870-1871

En apenas unos meses, el ejército prusiano y sus aliados germánicos derrotaron con rapidez y eficacia a las fuerzas francesas. La batalla de Sedan (1 de septiembre de 1870) resultó decisiva: Napoleón III fue capturado personalmente junto a decenas de miles de soldados. París fue sitiada durante el invierno y la resistencia francesa terminó por quebrarse. La guerra no fue solo una impresionante victoria militar prusiana; fue la demostración de la superioridad organizativa, logística y estratégica del nuevo modelo alemán frente al aparato imperial francés. Un pulso entre potencias...que acabó ganando la nueva Alemania.

https://www.zumalakarregimuseoa.eus/es/blog/guerra-franco-prusiana-1870-1871

Las causas: España, diplomacia y equilibrio de poder .

 Aunque el detonante inmediato fue la llamada crisis de la candidatura Hohenzollern” al trono español, las causas eran más profundas y complejas. 

 1. El episodio español. 

 Tras la Revolución de 1868 que destronó a Isabel II, España buscaba un nuevo monarca. 
Entre las candidaturas surgió la del príncipe Leopoldo de Hohenzollern Sigmaringen, pariente del rey prusiano Guillermo I. 



 Para Francia, la posibilidad de quedar “rodeada” por dinastías Hohenzollern -al este en Berlín y potencialmente al sur en Madrid- resultaba absolutamente intolerable. 
El equilibrio continental, ya frágil tras la unificación italiana y el ascenso prusiano, parecía inclinarse peligrosamente
 La diplomacia francesa exigió garantías de que la candidatura sería retirada. Aunque inicialmente se retiró, el canciller prusiano Otto von Bismarck manipuló hábilmente el famoso “Telegrama de Ems”, endureciendo su redacción para provocar la indignación francesa...y, claro, el orgullo imperial hizo el resto. España fue el detonante geo-estratégico, pero la tensión franco-prusiana venía de antes. 

Retrato de Bismarck.


https://www.ecured.cu/Telegrama_de_Ems

 2. El juego de fuerzas internacionales.

 Desde la derrota austríaca en Sadowa (1866), Prusia se había convertido en la potencia dominante del mundo germánico. Francia, tradicional árbitro del equilibrio continental, veía con cierta inquietud la posibilidad de una Alemania unificada bajo hegemonía prusiana. 
 Napoleón III había intentado obtener compensaciones territoriales (Luxemburgo, Bélgica) que equilibraran el ascenso prusiano, pero fracasó. 
Francia se encontraba diplomáticamente aislada: ni Austria-Hungría, ni Rusia, ni el Reino Unido estaban dispuestos a intervenir a su favor. 
 Bismarck, por el contrario, había asegurado la neutralidad o benevolencia de las principales potencias. La guerra, en ese sentido, fue el resultado de un aislamiento estratégico francés y de una paciente e inteligente construcción diplomática prusiana.


Sedan y el fin del Segundo Imperio 

 La captura de Napoleón III en Sedan (1 y 2 de septiembre) fue un acontecimiento de enorme impacto simbólico. 
El emperador fue hecho prisionero y enviado a Alemania. 




Poco después se proclamó en París la Tercera República (4 de septiembre de 1870)
 Napoleón III se exilió en Inglaterra, donde murió en 1873. 
Su figura quedó marcada por la derrota.



 La emperatriz Eugenia de Montijo logró huir a Inglaterra antes de la caída del régimen. 
 Vivió un largo exilio y sobrevivió hasta 1920, testigo casi espectral del mundo que su marido había intentado dominar. 

Prince_Impérial,_1878. Luis Napoleón Bonaparte. 1856-1879.

 El heredero imperial, el príncipe Napoleón Eugenio (conocido como el Príncipe Imperial), murió en 1879 en Sudáfrica combatiendo junto al ejército británico contra los zulúes. Su muerte selló definitivamente la extinción política del bonapartismo dinástico.

Versalles: una humillación calculada. 

 El 18 de enero de 1871, en plena ocupación alemana de territorio francés, los príncipes alemanes proclamaron a Guillermo I como emperador del nuevo Imperio alemán en la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles. 

Guillermo I como emperador del nuevo Imperio alemán en la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles.

 No parece que fuese una casualidad logística. 
Se trató más bien de un gesto deliberado para tener la máxima resonancia política e histórica (y de fatales consecuencias visto con perspectiva). 
 Versalles simbolizaba toda la grandeza y la hegemonía francesa desde los tiempos de Luis XIV, el ínclito "Rey Sol". 
Proclamar allí el nacimiento del Reich era toda una escenificación de supremacía
Un mensaje al mundo y, sobre todo, a Francia: el centro de gravedad europeo se desplazaba hacia Berlín. La unificación alemana se sellaba no solo con victoria militar, sino con teatralidad política.



Alsacia y Lorena: memoria, seguridad y nacionalismo.
 
 El Tratado de Frankfurt obligó a Francia a ceder Alsacia y parte de Lorena al nuevo Imperio alemán, además de pagar una indemnización más que considerable por daños de guerra. 
 ¿Por qué esa insistencia territorial? 




 1. Argumento histórico-cultural.

 Alemania defendía que Alsacia y partes de Lorena tenían raíces lingüísticas y culturales germánicas. El nacionalismo romántico alemán consideraba que esos territorios formaban parte de la “comunidad histórica alemana”. 

 2. Argumento estratégico.

 Más allá de la retórica cultural, había un cálculo militar claro: las fronteras naturales del Rin ofrecían mayor seguridad estratégica frente a futuras agresiones francesas. Alsacia Lorena se convertía en un amortiguador defensivo. 
En el fondo, las estrategias defensivas y socio-económicas marcaban las decisiones político-militares.


 3. El error estratégico.
 
 Muchos contemporáneos advirtieron en su momento que esa anexión sembraría un deseo permanente de revancha en Francia. El “revanchismo” se convirtió en un elemento central de la política francesa durante décadas. 
 Lo que Alemania ganó teóricamente en seguridad territorial, lo perdió en cierto modo al generar unas profundas tensiones que minarían la estabilidad del sistema europeo.

Reacciones europeas.

Un cambio tan radical de poderes en Europa generó, lógicamente, reacciones muy diversas aunque, en general y dentro las complejidades de cada país, se podría hablar de contención.

-Reino Unido mantuvo una posición prudente, observando con algo de preocupación el rápido ascenso alemán, pero sin intervenir. 
-Rusia vio con buenos ojos el debilitamiento francés, tradicional rival en algunos ámbitos diplomáticos. 
-Austria-Hungría, aún resentida por la derrota de 1866, evitó intervenir. 
 -Italia, recién unificada, observó el conflicto como confirmación de que la era de las monarquías nacionales se imponía. 
 Pero en general, entre la contención diplomática y la aplicación resignada del dicho "a lo hecho, pecho" la reacción fue de aceptación pragmática: el equilibrio europeo se reorganizaba, pero no se rompía todavía. 
 Sin embargo, el nuevo Imperio alemán emergía como potencia dominante continental. 
 El sistema diplomático europeo entraba en una nueva fase, basada en alianzas defensivas, rivalidades latentes y tensiones acumuladas.

Un punto de inflexión. 

 La Guerra Franco-Prusiana no fue simplemente un conflicto entre dos potencias. 
Fue el acto fundacional de la Alemania moderna y el inicio del declive definitivo del bonapartismo
 Más importante aún, porque de hecho se creó una profunda fractura emocional y política que atravesaría Europa durante décadas. 
La cuestión de Alsacia-Lorena, el recuerdo de Versalles, la humillación francesa y el ascenso alemán alimentaron una tensión estructural que, en 1914, como bien sabemos todos, encontraría una salida trágica y devastadora.
 Si el periodo 1870-1920 es, en cierta medida, un laboratorio de modernidad, esta guerra fue su acto inaugural
En ella confluyeron nacionalismo, diplomacia estratégica, ambición imperial, orgullo herido y cálculo político. El mundo no sabía aún que acababa de entrar en una nueva era. Pero la arquitectura del siglo XX empezaba a levantarse sobre las ruinas de Sedan.

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