Estudio sobre 1870-1920. Índice.
-1). Post del 30 de enero del 2026.
Esquema estructural y pretensiones del estudio.
Siglo XIX. Arte y Cultura: Estudio sobre 1870-1920. Esquema estructural.
Un siglo apasionante en todas sus manifestaciones artísticas y culturales.
Estudio sobre 1870-1920. Índice.
-1). Post del 30 de enero del 2026.
Esquema estructural y pretensiones del estudio.
Siglo XIX. Arte y Cultura: Estudio sobre 1870-1920. Esquema estructural.
1870: una guerra, algunos pintores muertos y el nacimiento de un mundo nuevo
Hay guerras que se recuerdan por sus batallas, por sus tratados o por sus consecuencias políticas y sociales. Otras, en cambio, entran en la memoria de algunas personas por motivos mucho más personales o concretos. En mi caso, desde luego, el interés por la Guerra Franco-prusiana no nació leyendo historia política o militar ni estudiando la diplomacia europea, sino al estudiar historia del Arte y descubrir que en ella había muerto uno de los pintores impresionistas que más me interesaban: Frédéric Bazille.
Bazille murió en noviembre de 1870, en la batalla de Beaune-la-Rolande, con apenas veintinueve años. Desde luego y por desgracia, no fue el único artista caído en aquella guerra, pero su caso me resultó especialmente conmovedor tanto por su juventud como porque pertenecía al pequeño grupo de jóvenes pintores que estaban cambiando de forma radical la pintura francesa y que poco después serían conocidos como impresionistas.
El IMPRESIONISMO — Google Arts & Culture
Su muerte no solo truncó una vida, sino también una posible evolución artística que nunca podremos llegar a conocer.
A partir de ese hecho casi anecdótico, como - quizás- podría considerarse la muerte de un pintor que me gustaba (al menos si comparamos con lo terrible y destructora que puede ser una guerra en su conjunto) empezó a desarrollarse en mí un gran interés por todas las implicaciones de aquella guerra en concreto (amén de la curiosidad que a diversos niveles me genera esa época en concreto).
Como hemos tenido oportunidad de ver anteriormente, fue un conflicto relativamente breve, pero sus consecuencias -como he intentado mostrar en las entradas previas- fueron realmente enormes, tanto para Francia como para Europa: Aquella guerra no solo puso fin de forma rápida y trágica al Segundo Imperio de Napoleon III (1), sino que alteró profundamente el equilibrio europeo y abrió una década convulsa en la historia francesa.
Cuando Francia declaró la guerra a Prusia en julio de 1870, pocos podían imaginar la rapidez con la que el conflicto terminaría en un total desastre para los franceses. El ejército prusiano, organizado y dirigido por Otto von Bismarck y por el alto mando militar prusiano, derrotó sucesivamente a las fuerzas francesas.
El episodio decisivo fue la batalla de Sedán, el 2 de septiembre de 1870, en donde Napoleón III fue capturado junto a decenas de miles de soldados. La noticia provocó el derrumbe inmediato del régimen imperial. En París, el 4 de septiembre, se proclamó la República y se formó, con una rapidez asombrosa, un Gobierno de Defensa Nacional que intentó continuar la guerra, aunque la situación militar era ya totalmente desesperada.
Durante el asedio de París, que duró varios meses, la ciudad vivió una experiencia extrema (a ello me iré refiriendo, con mucha probabilidad, en sucesivas entradas). Hubo hambre, frío y una tensión política creciente.
Sitio de París (1870-1871) - Wikipedia, la enciclopedia libre
En ese clima murieron no solo soldados, sino también jóvenes intelectuales y artistas movilizados en el ejército.
Entre ellos, además de Bazille, se cuentan, por ejemplo, el pintor Henri Regnault (1843-1871), muerto en la batalla de Buzenval en enero de 1871, y otros nombres hoy menos conocidos, como Victor Giraud (1840-1871) o Lucien Anatole Prévost (que siendo embajador francés en los Estados Unidos, se suicidó, en principio, por esta catástrofe nacional): Fueron ejemplos notorios de una generación que quedó parcialmente truncada.
La pérdida de talento probablemente no fue comparable a la que se produciría más adelante en la Primera Guerra Mundial (un conflicto de proporciones infinitamente más grande), pero sí fue lo bastante significativa como para dejar la impresión de que aquella guerra había cortado de raíz muchas posibilidades futuras.
La derrota militar significó también, como he señalado un poco más arriba, el final del mundo político que había dominado Francia desde 1852.
El Segundo Imperio, que había comenzado con el golpe de Estado de Napoleón III, desapareció en cuestión de días. El emperador fue hecho prisionero y, tras su liberación, se exilió en Inglaterra, donde moriría en 1873. La familia imperial se dispersó, y con ella se desvaneció cualquier posibilidad inmediata de restaurar el régimen bonapartista.
Sin embargo, la caída del Imperio, que para algunos fue una buena noticia, no trajo de inmediato lo que se dice estabilidad. La nueva República nacía en medio de la guerra, del hambre y de una profunda división social. El gobierno provisional, en el que destacaban figuras como Adolphe Thiers y Jules Favre, -a quienes ya me he referido en entradas anteriores-, tuvo que negociar la paz con Alemania en condiciones muy duras.
El Tratado de Frankfurt obligó a Francia a ceder Alsacia y parte de Lorena y a pagar una indemnización enorme. Aquella humillación alimentaría durante décadas el sentimiento de revancha que no acabaría -si realmente lo hizo- hasta después incluso de la Segunda Guerra Mundial (lo que hace reflexionar sobre las muy malas respuestas que se dan históricamente a muchos conflictos).
Pero, por desgracia, la guerra exterior no fue la parte final del drama. Éste continúo de puertas adentro.
París contra Francia: la Comuna.
La firma del armisticio no puso fin a la violencia. En la primavera de 1871 estalló en París la insurrección que daría lugar a la Comuna, uno de los episodios más dramáticos del siglo XIX europeo. La ciudad, agotada por el asedio y desconfiando de una Asamblea que estaba dominada por monárquicos y conservadores, se sublevó contra el gobierno instalado en Versalles.
Durante dos meses, París vivió bajo un régimen revolucionario que era un popurrí insólito que mezclaba republicanismo radical, socialismo, tradición jacobina y aspiraciones democráticas. Entre sus protagonistas estuvieron figuras como Louise Michel o Louis Rossel (de quienes también he hablado anteriormente): hombres y mujeres convencidos de estar defendiendo una causa justa, pero también atrapados en una situación casi imposible y que no siempre fueron capaces de arbitrar actuaciones justas.
El final, como era de esperar, fue brutal.
En mayo de 1871 el ejército entró en París y durante la llamada Semana Sangrienta murieron miles de comuneros. Hubo ejecuciones, deportaciones y exilios. La República que sobrevivió a la Comuna nació, evidentemente, marcada y lastrada por ese recuerdo tremendo. La violencia no fue solo política; fue también humana. Como en la guerra, aquí también se perdieron vidas que podrían haber seguido contribuyendo a la cultura, a la ciencia o al arte.
La guerra y la Comuna dejaron una huella profunda en la imaginación francesa. La literatura de la época reflejaría ese clima de derrota, de sufrimiento y de reconstrucción. Victor Hugo, que había vivido el exilio durante el Imperio, se convirtió en una de las grandes voces morales de la República. Aunque Los miserables había sido publicada antes de la guerra, su visión de la miseria, de la injusticia y de las barricadas parecía resonar con los acontecimientos de 1871.
La imagen de París como escenario de revoluciones, de idealismo y de tragedia quedó grabada en la mente de muchas generaciones de franceses. Más tarde, el cine retomaría esa misma tradición, recreando una y otra vez el París de las barricadas, de los ideales y de las derrotas. Un mundo que desaparece, otro que empieza.
La Guerra Franco-prusiana no fue solo un conflicto entre dos países, fue de hecho el final de una época. Con ella desapareció el Segundo Imperio, se proclamó la Tercera República, se unificó Alemania surgiendo un nuevo y poderoso imperio y con él, claro, comenzó un nuevo equilibrio europeo. Pero también se perdió una generación, parte en el campo de batalla y parte en las calles de París.
Para mi pensar en Bazille o a Regnault caídos en combate, o imaginar a los comuneros que fueron fusilados o deportados a colonias casi en el fin del mundo, da a aquel periodo una dimensión distinta. La historia deja de ser una sucesión de fechas y tratados y se convierte en algo más cercano: una serie de vidas interrumpidas, de proyectos que no llegaron a realizarse, de mundos que se cerraron para que otros (distintos y quizás mejores) pudieran empezar. Quizá por eso, más que por las batallas o los tratados concretos -que sin duda tienen su importancia-, sigo volviendo a las consecuencias de la guerra de 1870. Porque en ella se cruzan la política, el arte y el destino personal de una manera especialmente visible, como si el nacimiento del mundo moderno hubiera tenido que pasar, inevitablemente, por la pérdida (2).
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Notas: (1). Otros de los -muchos- temas que me fascinan son los personajes caídos en desgracia, o las civilizaciones y culturas desaparecidas. Fascinación que se aplica también a la caída de imperios (el romano, el otomano, el austriaco, el francés...).
(2). Hay numerosos libros sobre este periodo histórico, pero estoy leyendo dos que aportan mucha luz en la línea que estoy investigando:
La Comuna de París y el nacimiento de la Tercera República (1871-1880)
1. Francia tras la derrota de 1870
La derrota francesa en la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871) provocó, como ya hemos visto en la entrada anterior, el colapso del Segundo Imperio de Napoleón III y abrió uno de los periodos más convulsos de la historia contemporánea francesa.
Si el 2 de septiembre de 1870 el emperador francés fue hecho prisionero en Sedán, el 4 de septiembre en París ya se proclamó la República en París. El régimen imperial que había gobernado Francia durante dos décadas se derrumbó totalmente en tan solo unas horas. Inmediatamente se formó el Gobierno de Defensa Nacional, compuesto principalmente por republicanos moderados.
Tercera República francesa - Wikipedia, la enciclopedia libre
Muchos ministros del Imperio desaparecieron de la vida política o se retiraron.
Otros fueron investigados por la derrota militar. En 1871 la Asamblea Nacional abrió una comisión de investigación sobre las responsabilidades de la guerra. Algunos ministros imperiales fueron juzgados políticamente por su papel en el desastre. Sin embargo, la mayoría no sufrió persecuciones judiciales severas, porque el nuevo régimen quería estabilizar el país.
En términos generales ocurrió lo siguiente: parte de la élite imperial se retiró de la política; algunos se integraron en el campo monárquico conservador; unos pocos terminaron colaborando con el nuevo régimen republicano. Quizás el caso más interesante sea el de Émile Ollivier que fue el último jefe de gobierno de Napoleón III y uno de los impulsores de la guerra contra Prusia. Tras la derrota fue duramente criticado, abandonó la política activa y vivió en relativo retiro.
No participó en la construcción del nuevo régimen, pero siguió escribiendo sobre la política del Imperio. Émile Ollivier - Wikipedia, la enciclopedia libre
Otro caso digno de reseñar sería el del Eugène Rouher que había sido uno de los ministros más influyentes de Napoleón III. Tras la caída del Imperio Rouher se convirtió en líder del bonapartismo defendiendo a capa y espada la restauración de la dinastía. Nunca se integró en la República.
Continuidad administrativa
Aunque muchos ministros imperiales desaparecieron, gran parte del aparato administrativo del Estado permaneció, a pesar de las circunstancias, intacto: prefectos, altos funcionarios, diplomáticos, magistrados...Esto permitió que la transición política no paralizara completamente el país.
Se constituyó un Gobierno de Defensa Nacional que pretendía continuar la guerra contra Prusia mientras organizaba la transición política. Entre sus principales figuras se encontraban:
-Léon Gambetta.
-Jules Favre.
-Adolphe Thiers.
Mientras tanto, París quedó sitiado por el ejército prusiano entre septiembre de 1870 y enero de 1871. El asedio provocó hambre, inflación y un profundo radicalismo político entre sectores populares, especialmente entre los trabajadores y la Guardia Nacional, una milicia ciudadana que había adquirido gran autonomía durante la guerra. Cuando el nuevo gobierno decidió firmar el armisticio con Prusia en enero de 1871, muchos parisinos interpretaron la decisión como una traición. Este resentimiento sería el caldo de cultivo de la insurrección.
Las negociaciones de paz fueron llevadas principalmente por el gobierno republicano surgido tras la caída del Imperio. La figura central fue Adolphe Thiers que fue enviado por el nuevo gobierno a negociar con el canciller alemán Otto von Bismarck.
Estas negociaciones se desarrollaron en dos fases:
1. El armisticio (enero de 1871). El armisticio que puso fin a los combates fue firmado por Jules Favre, ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de Defensa Nacional. Negoció directamente con Bismarck en Versalles. Las condiciones, como vimos en el post anterior fueron duras: elecciones rápidas para una Asamblea Nacional y continuación del sitio de París hasta ratificar la paz.
2. El tratado de Frankfurt (mayo de 1871). Después de las elecciones de febrero de 1871, la Asamblea Nacional eligió a Adolphe Thiers como jefe del poder ejecutivo. Thiers dirigió las negociaciones definitivas con Alemania. El resultado fue el Tratado de Frankfurt, firmado el 10 de mayo de 1871 y cuyas condiciones -demoledoras- ya vimos: cesión de Alsacia y parte de Lorena, indemnización de 5 mil millones de francos y ocupación militar alemana hasta el pago de la indemnización.
Las negociaciones tuvieron varias consecuencias importantes:
La primera de ellas es que legitimaron a la nueva República. Muchos franceses culpaban al Imperio de la guerra y fue la República la que tuvo que firmar la paz. Esto fortaleció entre muchos sectores de la población la autoridad política de Thiers.
La segunda (y muy importante a largo plazo) es que alimentaron el revanchismo. La pérdida de Alsacia-Lorena se convirtió en un verdadero trauma nacional. Durante décadas aparecería en la prensa, pero también en la escuela, la literatura, y, por descontado, en la política.
Podemos añadir a la lista de consecuencias que las negociaciones condicionaron la política europea ya que el tratado estableció la hegemonía alemana en el continente. Por esta razón Bismarck trató posteriormente de aislar diplomáticamente a Francia.
Con todo, la transición entre el Segundo Imperio y la Tercera República fue menos abrupta de lo que a veces se piensa. Aunque el régimen imperial desapareció tras Sedán, gran parte de la élite administrativa y política sobrevivió a la catástrofe. Las negociaciones de paz con Alemania fueron dirigidas por republicanos moderados -especialmente Thiers y Favre- que intentaron salvar lo que quedaba del poder francés aunque, como hemos señalado, la humillación del Tratado de Frankfurt marcaría profundamente la política y la cultura francesa durante las décadas siguientes.
Entre las reacciones, como en señalado en un párrafo anterior, hubo con contar con una de extraordinaria e inusitada potencia: la sublevación del pueblo en París.
El
surgimiento de la Comuna
Las elecciones legislativas de febrero de 1871 dieron la victoria a una mayoría monárquica y conservadora, dominada por representantes rurales que deseaban terminar la guerra y restablecer el orden. La Asamblea Nacional se instaló en Versalles, lejos del ambiente revolucionario de París, y eligió como jefe del poder ejecutivo a Adolphe Thiers.
Thiers tomó dos decisiones que radicalizaron la
situación:
La madrugada del 18 de marzo de 1871, tropas enviadas por el gobierno para recuperar los cañones fueron rodeadas por la población. Parte de los soldados se negaron a disparar contra la multitud. Dos generales del ejército fueron capturados y ejecutados por la Guardia Nacional: Claude Lecomte y Jacques Léon Clément-Thomas.
Ante el caos, el gobierno se retiró a Versalles. París quedó en manos de los insurrectos y de esta manera nació la Comuna de París.
La
organización de la Comuna
El 26 de marzo de 1871 se celebraron elecciones municipales que crearon el Consejo de la Comuna, una asamblea revolucionaria que pretendía gobernar la ciudad de forma autónoma. Entre los protagonistas más destacados figuraban: Louis Rossel (1844-1871); Louise Michel (1830-1905), Charles Delescluze (1809-1871), Raoul Rigault (1846-1871) y el famoso pintor realista Gustave Courbet (1819-1877).

En él convivían republicanos radicales, socialistas, jacobinos, blanquistas (seguidores de Louis Auguste Blanqui de extrema izquierda), anarquistas y miembros de la Primera Internacional. Las medidas adoptadas por la Comuna reflejaban un programa inusitadamente avanzado de democracia social y municipal: separación entre Iglesia y Estado, abolición del trabajo nocturno en panaderías, autogestión obrera de talleres abandonados, educación laica, supresión del ejército permanente y elección de cargos públicos revocables.
Sin embargo, el gobierno comunal tenía graves problemas: escasa coordinación militar, divisiones ideológicas internas, aislamiento político frente al resto de Francia. Durante dos meses, París vivió una experiencia revolucionaria realmente singular. Se reorganizaron clubes políticos, periódicos y comités populares. Las mujeres desempeñaron un papel importante en la movilización política y social. Entre las figuras más visibles estuvo la ya mencionada Louise Michel. La ciudad también experimentó, a pesar de las grandes dificultades inherentes a la situación, una intensa vida cultural y política: debates públicos, reorganización educativa y proyectos de democratización artística.
No obstante, la situación militar era cada vez más
precaria. El gobierno de Versalles reorganizó el ejército y preparó el asalto a
la capital.
La Semana Sangrienta.
El final llegó en mayo de 1871. El 21 de mayo, el ejército de Versalles logró entrar en París por la puerta de Saint Cloud.
Durante una semana se desarrollaron combates calle por calle. Este periodo se conoce como la “Semana Sangrienta” (21-28 de mayo de 1871). Las fuerzas gubernamentales aplastaron la insurrección con enorme violencia. Se calcula que murieron entre 10.000 y 20.000 comuneros, aunque las cifras exactas siguen siendo objeto de debate historiográfico.
Entre los líderes ejecutados o muertos durante los combates se encontraban: Charles Delescluze, Louis Rossel y Raoul Rigault. El gobierno ejecutó sumariamente a miles de combatientes tras tribunales militares.
Tras la derrota, el régimen republicano organizó una represión sistemática, para intentar imponer el orden. Unas 40.000 personas fueron arrestadas. Miles fueron condenados a prisión o deportación. El destino más habitual fue Nueva Caledonia, colonia penal francesa en el Pacífico.
Entre los deportados más conocidos se encontraba Louise Michel aunque fue capaz de sobrevivir a tan ruda experiencia. También fue condenado el pintor realista Gustave Courbet a quien se le responsabilizó de la destrucción de la columna Vendôme, símbolo del militarismo napoleónico. Arruinado por las indemnizaciones, murió exiliado en Suiza pocos años después (1877).
Masacre. Vida y muerte en la Comuna de París de 1871 | Reseñas de novedades
Si hubiera que fijar un momento simbólico que inaugura el ciclo histórico europeo que culminará en 1914, ese momento sería la Guerra Franco-Prusiana.
No se trató del conflicto más largo ni el más sangriento del siglo XIX, pero sí fue uno de los más decisivos.
En menos de un año -desde el 19 de julio de 1870 hasta el 10 de mayo de 1871- se alteró el equilibrio continental, se proclamó el Imperio alemán y Francia sufrió una humillación política cuyas consecuencias trastocarían la vida de los franceses y marcarían a generaciones. La guerra fue breve, sí; pero sus efectos, profundos y duraderos.
El enfrentamiento comenzó oficialmente el 19 de julio de 1870, cuando el Segundo Imperio francés declaró la guerra al Reino de Prusia. El conflicto terminó formalmente con el Tratado de Frankfurt el 10 de mayo de 1871, tras la capitulación francesa.
Estudio sobre 1870-1920. Índice. -1) . Post del 30 de enero del 2026. Esquema estructural y pretensiones del estudio. Siglo XIX. Arte y Cul...