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martes, 17 de febrero de 2026

2. 1870-1920. La Guerra Franco-Prusiana y el nacimiento violento de la Europa moderna (1 de 2).

 Si hubiera que fijar un momento simbólico que inaugura el ciclo histórico europeo que culminará en 1914, ese momento sería la Guerra Franco-Prusiana. 

1870-1920. La Guerra Franco-Prusiana y el nacimiento violento de la  Europa moderna

No se trató del conflicto más largo ni el más sangriento del siglo XIX, pero sí fue uno de los más decisivos. 

En menos de un año -desde el 19 de julio de 1870 hasta el 10 de mayo de 1871- se alteró el equilibrio continental, se proclamó el Imperio alemán y Francia sufrió una humillación política cuyas consecuencias trastocarían la vida de los franceses y marcarían a generaciones. La guerra fue breve, sí; pero sus efectos, profundos y duraderos. 

El enfrentamiento comenzó oficialmente el 19 de julio de 1870, cuando el Segundo Imperio francés declaró la guerra al Reino de Prusia. El conflicto terminó formalmente con el Tratado de Frankfurt el 10 de mayo de 1871, tras la capitulación francesa.

Tratado definitivo de paz entre Francia y Alemania (Frankfort el 10 de mayo de 1871) - Derecho Internacional Público - dipublico.org

https://www.zumalakarregimuseoa.eus/es/blog/guerra-franco-prusiana-1870-1871

En apenas unos meses, el ejército prusiano y sus aliados germánicos derrotaron con rapidez y eficacia a las fuerzas francesas. La batalla de Sedan (1 de septiembre de 1870) resultó decisiva: Napoleón III fue capturado personalmente junto a decenas de miles de soldados. París fue sitiada durante el invierno y la resistencia francesa terminó por quebrarse. La guerra no fue solo una impresionante victoria militar prusiana; fue la demostración de la superioridad organizativa, logística y estratégica del nuevo modelo alemán frente al aparato imperial francés. Un pulso entre potencias...que acabó ganando la nueva Alemania.

https://www.zumalakarregimuseoa.eus/es/blog/guerra-franco-prusiana-1870-1871

Las causas: España, diplomacia y equilibrio de poder .

 Aunque el detonante inmediato fue la llamada crisis de la candidatura Hohenzollern” al trono español, las causas eran más profundas y complejas. 

 1. El episodio español. 

 Tras la Revolución de 1868 que destronó a Isabel II, España buscaba un nuevo monarca. 
Entre las candidaturas surgió la del príncipe Leopoldo de Hohenzollern Sigmaringen, pariente del rey prusiano Guillermo I. 



 Para Francia, la posibilidad de quedar “rodeada” por dinastías Hohenzollern -al este en Berlín y potencialmente al sur en Madrid- resultaba absolutamente intolerable. 
El equilibrio continental, ya frágil tras la unificación italiana y el ascenso prusiano, parecía inclinarse peligrosamente
 La diplomacia francesa exigió garantías de que la candidatura sería retirada. Aunque inicialmente se retiró, el canciller prusiano Otto von Bismarck manipuló hábilmente el famoso “Telegrama de Ems”, endureciendo su redacción para provocar la indignación francesa...y, claro, el orgullo imperial hizo el resto. España fue el detonante geo-estratégico, pero la tensión franco-prusiana venía de antes. 

Retrato de Bismarck.


https://www.ecured.cu/Telegrama_de_Ems

 2. El juego de fuerzas internacionales.

 Desde la derrota austríaca en Sadowa (1866), Prusia se había convertido en la potencia dominante del mundo germánico. Francia, tradicional árbitro del equilibrio continental, veía con cierta inquietud la posibilidad de una Alemania unificada bajo hegemonía prusiana. 
 Napoleón III había intentado obtener compensaciones territoriales (Luxemburgo, Bélgica) que equilibraran el ascenso prusiano, pero fracasó. 
Francia se encontraba diplomáticamente aislada: ni Austria-Hungría, ni Rusia, ni el Reino Unido estaban dispuestos a intervenir a su favor. 
 Bismarck, por el contrario, había asegurado la neutralidad o benevolencia de las principales potencias. La guerra, en ese sentido, fue el resultado de un aislamiento estratégico francés y de una paciente e inteligente construcción diplomática prusiana.


Sedan y el fin del Segundo Imperio 

 La captura de Napoleón III en Sedan (1 y 2 de septiembre) fue un acontecimiento de enorme impacto simbólico. 
El emperador fue hecho prisionero y enviado a Alemania. 




Poco después se proclamó en París la Tercera República (4 de septiembre de 1870)
 Napoleón III se exilió en Inglaterra, donde murió en 1873. 
Su figura quedó marcada por la derrota.



 La emperatriz Eugenia de Montijo logró huir a Inglaterra antes de la caída del régimen. 
 Vivió un largo exilio y sobrevivió hasta 1920, testigo casi espectral del mundo que su marido había intentado dominar. 

Prince_Impérial,_1878. Luis Napoleón Bonaparte. 1856-1879.

 El heredero imperial, el príncipe Napoleón Eugenio (conocido como el Príncipe Imperial), murió en 1879 en Sudáfrica combatiendo junto al ejército británico contra los zulúes. Su muerte selló definitivamente la extinción política del bonapartismo dinástico.

Versalles: una humillación calculada. 

 El 18 de enero de 1871, en plena ocupación alemana de territorio francés, los príncipes alemanes proclamaron a Guillermo I como emperador del nuevo Imperio alemán en la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles. 

Guillermo I como emperador del nuevo Imperio alemán en la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles.

 No parece que fuese una casualidad logística. 
Se trató más bien de un gesto deliberado para tener la máxima resonancia política e histórica (y de fatales consecuencias visto con perspectiva). 
 Versalles simbolizaba toda la grandeza y la hegemonía francesa desde los tiempos de Luis XIV, el ínclito "Rey Sol". 
Proclamar allí el nacimiento del Reich era toda una escenificación de supremacía
Un mensaje al mundo y, sobre todo, a Francia: el centro de gravedad europeo se desplazaba hacia Berlín. La unificación alemana se sellaba no solo con victoria militar, sino con teatralidad política.



Alsacia y Lorena: memoria, seguridad y nacionalismo.
 
 El Tratado de Frankfurt obligó a Francia a ceder Alsacia y parte de Lorena al nuevo Imperio alemán, además de pagar una indemnización más que considerable por daños de guerra. 
 ¿Por qué esa insistencia territorial? 




 1. Argumento histórico-cultural.

 Alemania defendía que Alsacia y partes de Lorena tenían raíces lingüísticas y culturales germánicas. El nacionalismo romántico alemán consideraba que esos territorios formaban parte de la “comunidad histórica alemana”. 

 2. Argumento estratégico.

 Más allá de la retórica cultural, había un cálculo militar claro: las fronteras naturales del Rin ofrecían mayor seguridad estratégica frente a futuras agresiones francesas. Alsacia Lorena se convertía en un amortiguador defensivo. 
En el fondo, las estrategias defensivas y socio-económicas marcaban las decisiones político-militares.


 3. El error estratégico.
 
 Muchos contemporáneos advirtieron en su momento que esa anexión sembraría un deseo permanente de revancha en Francia. El “revanchismo” se convirtió en un elemento central de la política francesa durante décadas. 
 Lo que Alemania ganó teóricamente en seguridad territorial, lo perdió en cierto modo al generar unas profundas tensiones que minarían la estabilidad del sistema europeo.

Reacciones europeas.

Un cambio tan radical de poderes en Europa generó, lógicamente, reacciones muy diversas aunque, en general y dentro las complejidades de cada país, se podría hablar de contención.

-Reino Unido mantuvo una posición prudente, observando con algo de preocupación el rápido ascenso alemán, pero sin intervenir. 
-Rusia vio con buenos ojos el debilitamiento francés, tradicional rival en algunos ámbitos diplomáticos. 
-Austria-Hungría, aún resentida por la derrota de 1866, evitó intervenir. 
 -Italia, recién unificada, observó el conflicto como confirmación de que la era de las monarquías nacionales se imponía. 
 Pero en general, entre la contención diplomática y la aplicación resignada del dicho "a lo hecho, pecho" la reacción fue de aceptación pragmática: el equilibrio europeo se reorganizaba, pero no se rompía todavía. 
 Sin embargo, el nuevo Imperio alemán emergía como potencia dominante continental. 
 El sistema diplomático europeo entraba en una nueva fase, basada en alianzas defensivas, rivalidades latentes y tensiones acumuladas.

Un punto de inflexión. 

 La Guerra Franco-Prusiana no fue simplemente un conflicto entre dos potencias. 
Fue el acto fundacional de la Alemania moderna y el inicio del declive definitivo del bonapartismo
 Más importante aún, porque de hecho se creó una profunda fractura emocional y política que atravesaría Europa durante décadas. 
La cuestión de Alsacia-Lorena, el recuerdo de Versalles, la humillación francesa y el ascenso alemán alimentaron una tensión estructural que, en 1914, como bien sabemos todos, encontraría una salida trágica y devastadora.
 Si el periodo 1870-1920 es, en cierta medida, un laboratorio de modernidad, esta guerra fue su acto inaugural
En ella confluyeron nacionalismo, diplomacia estratégica, ambición imperial, orgullo herido y cálculo político. El mundo no sabía aún que acababa de entrar en una nueva era. Pero la arquitectura del siglo XX empezaba a levantarse sobre las ruinas de Sedan.

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Todas las imágenes y/o vídeos que se muestran corresponden al artista o artistas referenciados.
Su exposición en este blog pretende ser un homenaje y una contribución a la difusión de obras dignas de reconocimiento cultural, sin ninguna merma a los derechos que correspondan a sus legítimos propietarios.
En ningún caso hay en este blog interés económico directo ni indirecto.

viernes, 13 de febrero de 2026

1.1870–1920: El hechizo de un mundo en rápida transformación.

 1870–1920: El hechizo de un mundo en rápida transformación. 

 Hay, dentro del siglo XIX, muchos momentos, personajes y obras que me interesan. 

 Para mí es, muy probablemente, el siglo más fascinante de la historia por muchos y muy diferentes motivos. Entre ellos, destacaría la extraordinaria intensidad de las transformaciones que se produjeron en esa época, la enorme potencia de sus movimientos sociales y culturales y, por personalizarlo, el particular hechizo que ejerce su estética en mi imaginario. 

1870–1920: El hechizo de un mundo en rápida transformación.

Con todo, si tuviera que señalar un tramo especialmente decisivo, ese sería el que va de 1870 a 1920: un puente entre siglos realmente prodigioso...y conflictivo. 

Cincuenta años en los que Europa -y con ella buena parte del mundo occidental- vivió una aceleración histórica difícil de igualar. Un periodo que comenzó con la Guerra Franco-Prusiana y culminó con las consecuencias absolutamente devastadoras de la Primera Guerra Mundial

Entre ambos extremos, la civilización occidental, que durante décadas se construyó con una confianza casi absoluta en el progreso (se podría hablar de adoración al mismo)…terminó cuestionándose a sí misma hasta sus cimientos, cuando no abominando de todo el pasado como si éste fuese el origen unívoco de todos los males. 

 El mundo se acelera...sin freno. 

1870–1920: El hechizo de un mundo en rápida transformación.

 En 1870 Europa entró en una nueva etapa política. 

La unificación alemana alteró el equilibrio continental; Francia tuvo que recomponerse tras la derrota con los alemanes; el Imperio austrohúngaro vivía con serias dificultades su compleja dualidad (y multiplicidad); Rusia oscilaba entre reforma y reacción; el Reino Unido, en principio el gran vencedor en el orden mundial, consolidaba su hegemonía imperial. 

https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-09-12/guerra-franco-prusiana_2743607/

Sin duda, era el tiempo de los grandes imperios, pero también el de las tensiones nacionalistas que acabarían por fracturarlos. 

 La segunda revolución industrial transformó radicalmente la experiencia cotidiana. 

El acero, la electricidad, el ferrocarril, el telégrafo, el teléfono y, más tarde, el automóvil y el cine -inventos y avances constantes- lograron redefinir el espacio y el tiempo. La ciudad moderna se expandió de forma constante cambiando radicalmente el paisaje urbano; ello supuso, claro, que el ritmo de la vida se acelerase cada vez más; surgieron nuevas clases sociales, nuevas formas de trabajo y, también, nuevas y acentuadas desigualdades. 

 Nunca antes la percepción del mundo había cambiado con tanta rapidez. 

París a finales del siglo XIX. Foto Hnos. Lumière.

El progreso técnico alimentó, como he mencionado antes, un optimismo casi religioso en la ciencia y en la razón. Pero ese optimismo convivió con inquietudes crecientes ya que el positivismo reinante hasta ese momento empezaba a mostrar grietas y la confianza absoluta en el orden racional del mundo se vio cuestionada por nuevas corrientes filosóficas, científicas y psicológicas (y por algunos charlatanes de postín que tuvieron en su momento entregadas feligresías). 

 Una explosión cultural sin precedentes 

 Si algo caracterizó este periodo fue la extraordinaria densidad cultural. En apenas medio siglo convivieron y se entremezclaron movimientos que, en otras épocas, habrían ocupado generaciones enteras. 

 En la pintura, el realismo dio paso al impresionismo; el simbolismo propuso universos interiores, alegóricos y espirituales; el postimpresionismo, brioso, rompió con la representación tradicional; el modernismo y las vanguardias anunciaron la ruptura definitiva con el siglo anterior e irrumpieron con poderío en el siglo XX. La estética, en algunos momentos, se volvió de laboratorio

 En la música, el romanticismo tardío alcanzó una intensidad desbordante mientras se insinuaban nuevas búsquedas armónicas que desembocarían en la disolución tonal. La ópera, el sinfonismo, la música de cámara y el nacionalismo musical configuran un paisaje sonoro tan expansivo como contradictorio. 

Compositores del siglo 19 más importantes - LISTA COMPLETA

1870–1920: El hechizo de un mundo en rápida transformación.

 En la literatura, la novela realista convivió con el decadentismo, el simbolismo, el naturalismo y las primeras formas del modernismo narrativo. El individuo se convirtió en centro del drama, mucho antes de que el psicoanálisis lo entronizase allí: la conciencia, el deseo, la alienación, el desencanto...un cocktail completito. 

 Fue un momento en el que el arte no solo representó la realidad, sino que la cuestionó en profundidad, y se propuso explorarla desde ángulos hasta entonces inéditos. La modernidad no fue solo una etapa histórica; fue una experiencia psicológica. 

 Movimientos sociales y nuevas sensibilidades. 

 Paralelamente, el tejido social se transformó con intensidad. El movimiento obrero se organizó; el socialismo y el anarquismo adquirieron dimensión política; el feminismo comenzó a articular reivindicaciones públicamente; se iniciaron grandes debates sobre educación, laicidad y derechos civiles que trascendieron al espacio público. 

  La mujer moderna emergió como figura cultural y social



En las artes, en la literatura, en la universidad, en el activismo político. Aunque las estructuras llamadas patriarcales persistieron con fuerza, el periodo que analizamos inauguró un cambio irreversible.

También fue, una realidad innegable, el tiempo del auge del antisemitismo moderno, de los nacionalismos excluyentes y de las tensiones coloniales. La expansión imperial convivió con una conciencia crítica incipiente. El mismo siglo que proclamó el progreso universal produjo formas de violencia ideológica que marcarán el siglo XX. 

 El hechizo estético

 Y sin embargo -o precisamente por todo ello- el periodo ejerce en mí un hechizo de difícil explicación, sobre todo si me atengo de forma exclusiva a los datos históricos. 

 Hay algo en su estética que me fascina: la arquitectura ecléctica, el modernismo ornamental, los cafés literarios, los carteles art Nouveau, las fotografías en sepia, los cuadros impactantes, los trajes oscuros y los vestidos largos, la mezcla de melancolía y confianza. Me fascina, también, no solo la estética, sino desde luego, la asombrosa cantidad de personas, hombres y mujeres, que aún anclados en un mundo en constantes encrucijadas y desafíos, decidieron vivir su vida intensamente fuera de roles en principio, preconcebidos. Algunos lo consiguieron a pesar de estar inmersos en el sistema que les tocó vivir, otros lo hicieron con un profundo afán de derribar barreras, de traspasar límites.

 Es un mundo, visto con la perspectiva de hoy, que parece caminar hacia el abismo sin ser muy consciente de ello, pero que lo hace con una intensidad vital tan extraordinaria que no puede dejar de llamarme la atención. Esa mezcla de optimismo técnico y angustia existencial, de orden burgués y rebeldía artística, de tradición y ruptura, constituye, sin la menor duda uno de los paisajes culturales más ricos de la historia (a pesar de algunas voces que, miopes, solo parecen ver en ese periodo el germen de la "maldad"). 

 1914–1920: el fin de una ilusión 

 La Primera Guerra Mundial fue una ruptura realmente traumática y de una potencia que cuesta mucho imaginarla hoy, a pesar de haber existido una Segunda Guerra Mundial tanto o más destructiva que la primera.

 No se trató solo de la magnitud de la destrucción, sino de cómo se desvaneció una forma de creer en el progreso lineal. El conflicto puso en evidencia la fragilidad de la civilización industrial. La técnica, celebrada como herramienta indudable de mejora humana, se convirtió en instrumento de devastación masiva (una bipolaridad que sigue manteniendo hoy en día). 

El mundo posterior a 1918 ya no fue para nada el mismo. Muchos de los movimientos culturales que habían nacido antes de la guerra adquirieron un tono más radical, mucho más desesperado o, también, unos matices irónicos con resabios de debacle. La modernidad entró en una fase distinta: menos ingenua, más consciente de sus sombras (aunque lejos todavía de las deconstrucciones posmodernistas). 

 Un periodo bisagra 

 Entre 1870 y 1920 se concentró una verdadera transformación estructural: política, tecnológica, social, artística y mental. 

Fue un periodo bisagra en el que se gestaron, sin la menor duda, muchas de las tensiones que definirán el siglo XX. Quizás por eso me resulta tan fascinante. No es solo que se trate de una época brillante (y como todo lo que brilla, con profundas sombras); sino que se trata de una época en la que todo parece estar en juego aunque se revista de fuerza y poderío.  Mirar ese medio siglo no es un simple ejercicio de nostalgia, sino una forma de intentar comprender mejor el presente en el que vio. Porque muchas de nuestras preguntas -sobre identidad, técnica, cultura, política o sentido vital- nacieron allí, en ese tramo de historia donde el mundo aprendió a acelerarse… y a dudar de sí mismo.

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viernes, 30 de enero de 2026

Estudio sobre 1870-1920. Esquema estructural.

Estudio sobre 1870-1920.

Esquema estructural.

En todos mis blogs he creado entradas que muestran mi interés por la cultura y el arte del siglo XIX. Con esta entrada quisiera hacer un esquema de trabajo futuro, que me ayude a centrar mis intereses socio-culturales en el medio siglo que transcurre entre 1870 y 1920. Es decir, acotando geográficamente el terreno a Europa, al periodo de tiempo que va entre la Guerra Franco-prusiana y el final de la Primera Guerra Mundial.

A medida que indago al respecto, me parece una época realmente asombrosa y repleta de cambios sustanciales en muchísimos terrenos, cambios que marcarían el destino de la historia mundial y, por ende, de nuestro presente. 

Consciente de la complejidad de semejante pretensión, mi propósito es mostrar algunos aspectos relevantes (a veces, relevantes para mí) de ese periodo, las principales líneas culturales y artísticas y, también, aquellos personajes que destacaron en diferentes areas…aunque algunos de ellos no sean hoy todo lo conocidos que por sus méritos deberían serlo. La tarea, desde luego, es de grandes proporciones pero mi intención es afrontarla con calma y sosiego y, en lo posible, como una forma de nutrir de artículos este blog y diferentes secciones de los Blogs "Desde el renacimiento hasta nuestros días" y "Ocio inteligente para vivir mejor".

Desde el Renacimiento hasta nuestros días

Ocio Inteligente: para vivir mejor

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-1. Enfoque general y método.

Con mi trabajo no quiero hacer un simple recorrido histórico (aunque éste sea muchas veces necesario para contextualizar). Para eso ya están los manuales de Historia y la Wikipedia. Mi deseo es hacer una especie de mapa cultural de larga duración, con algunas características claras:

-Transversalidad y afán comparativo. Enfoque no nacionalista, ni sesgado -en todo lo que me sea posible- ideológicamente, ni meramente cronológico.

-Interdisciplinaridad: Me interesan muchos aspectos de la cultura de la época: la pintura, la música, la literatura, el pensamiento, la espiritualidad, la política cultural, incluso, también, aspectos íntimos como la sexualidad. Analizarlos sectorialmente, pero también interrelacionados.

-Sensibilidad estética e intelectual: Me interesan -y a veces me fascinan- las obras pero tanto o más las mentalidades que las producen.

-Atención a las zonas liminares: Me siento atraído por los espacios de decadencia, las espiritualidades heterodoxas, las figuras marginales o ambiguas y por aquellos aspectos simbolistas y esotéricos que muestran las complejidades del alma y la imaginación humanas.

-Rechazo del retrato simplista del "progreso moderno": La realidad difícilmente es unidireccional o lineal (y está por ver que sea teleológica), por eso me interesa mucho más el relato de las crisis y las transiciones que la narrativa determinista o ideológicamente sesgada por lecturas o visiones previas. Hay mucho terreno a explorar en zonas que parecen ambiguas o oscuras y en las continuidades sociales profundamente arraigadas.

-2. Marco estructural.

Dentro de la línea cronológica elegida (1870-1920) quisiera establecer, como he mencionado más arriba, ejes transversales para mis indagaciones. Por ejemplo (y sin ánimo exhaustivo): 

-La crisis del positivismo y sus consecuencias. 

-El impacto de la industrialización extrema (que cambió y mejoró la vida de muchos, pero que también devoró y  destruyó de forma salvaje). Por no mencionar los efectos devastadores del colonialismo.

-La espiritualidad y el misticismo alternativo. Me interesa el simbolismo, las corrientes esotéricas que pretendían mantener un vinculo con tradiciones olvidadas hacia siglos, los misticismos de diferentes corrientes espirituales, la teosofía, la antroposofía, los diálogos interreligiosos.

-La vivencia del cuerpo, el erotismo, el deseo. Me gustaría indagar tanto en los erotismos sanos como en los perturbados. En los mecanismos de represión y en cómo se reaccionó contra ellos. En la forma en la que se mitificó el cuerpo, y en cómo se creó y se vivió una determinada imagen del mismo. En cómo surgieron, se desarrollaron y mantuvieron determinados cánones de belleza.

-La ciudad moderna. La urbanización a gran escala, debida a los constantes y profundos cambios sociales y económicos, transformó el habitat y con el la vida y las costumbres.

-La tensión arte/técnica: Tensión revolucionaria en muchos aspectos ya que supuso el declive de las artesanías y el triunfo de las réplicas.

-Guerra y trauma: El periodo elegido se inició con una guerra que supuso el fin de un imperio y el surgimiento de otro y acabó con una guerra de tal calibre que se llamó mundial. Entre ellas, víctimas de todo tipo y en cantidades inimaginables y, también, cambios vitales e históricos esenciales.

-La imagen de la mujer: Se produjo una ruptura de cánones impuestos socialmente pero, también, una aceptación entregada e interesada de papeles asignados. En cualquier caso la transformación y el desarrollo de alternativas a los roles femeninos fue, sencillamente, espectacular.

-La búsqueda ideal del arte total: Desde Wagner (e incluso antes) se buscó extremar la experiencia artística convirtiéndola en algo absolutamente trascedente.

Desarrollando estos ejes intentaré situar cualquier figura o movimiento dentro de un sistema de tensiones y no como un mero caso aislado.

-3. Artes visuales.

-Profundizaré en el simbolismo y en el decadentismo, además de en otras escuelas artísticas del momento analizado.

-En la pintura/arte de diferentes países europeos aunque dando prioridad a Francia, Gran Bretaña y Alemania debido al enorme impacto cultural de esos países en la época estudiada.

-Buscaré figuras atípicas artística o ideológicamente hablando pero también a otras que se mantuvieron fieles a las continuidades clásicas.

-En el arte estoy atento a la iconografía, el erotismo, la espiritualidad y la política del cuerpo porque es una forma esencial y privilegiada de representación. Incluso intentaré indagar e integrar lo que hoy se ve como problemático (antisemitismo, protofascismo, elitismo espiritual etc).

-4. Música.

-Seguiré indagando en continuidades clásicas y espirituales (Rheinberger, Stanford, Le Beau...). Figuras que resistieron la ruptura radical del fin de siglo (tradicionalistas), hoy muchas veces olvidados porque no innovaron lo suficiente como para ser considerados de vanguardia. Eso no quita, desde luego, que preste atención a los grandes nombres de esa época.


-5. Otros puntos de interés.

-Las radicalizaciones ideológicas y sociales.
-Las estéticas de la disciplina y las masculinidades posbélicas.
-La irrupción del deporte en el entretenimiento de las masas.
-La ciudad como dispositivo ideológico.
-El cine incipiente como generador de mitologías sociales y elemento de propagandas tempranas.
-El cartelismo.
-Las revistas culturales.
-La fotografía y su impacto en el arte.
-El socialismo cultural.
-El liberalismo tardío.
-Los nacionalismos culturales.
-El antisemitismo como estructura cultural.
-El fascismo como fenómeno estético.

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Como he señalado al inicio, es un proyecto muy ambicioso y, lógicamente, lo iré reexaminado, reelaborando y ampliando a medida que lo vaya materializando porque una vez se tira de un hilo se descubren diferentes caminos que merece la pena explorar.

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jueves, 29 de enero de 2026

Manifiesto intelectual.

   Manifiesto intelectual. 

1. Posición inicial.

Decido escribir este manifiesto como guía personal. Una meditada brújula con la que encauzar mis indagaciones culturales y mis intereses artísticos. 

No investigo por acumulación, ni por deseos de erudición vacía, ni mucho menos por fidelidad a un canon heredado de otros.

Investigo por un profundo deseo de comprender cómo los seres humanos han buscado sentido en momentos de crisis, transformación y pérdida. Mis campos de trabajo están guiados no solo por mis intereses históricos, sociales o estéticos, sino por un profundo anhelo existencial.

A propósito me sitúo en los márgenes de los relatos dominantes (que a veces me producen un gran rechazo por su parcialidad y ceguera), pero no lo hago por un afán de querer ser original o heterodoxo: lo hago porque creo que, en incontables ocasiones, solo en los márgenes se conservan las continuidades humanas que los discursos de ruptura radical suelen despreciar.

2. Sobre la Modernidad.

Rechazo una vision simplificada de la modernidad como progreso lineal o como destrucción necesaria del pasado. No creo en absoluto en adanismos y, mucho menos, en reescrituras interesadas de la historia. Entiendo la modernidad europea como un territorio de enormes tensiones en donde conviven:

-Ruptura y fidelidad.  -Vanguardia y continuidad. -Fe residual y espiritualidad heterodoxa. -Esperanza técnica y melancolía histórica. 

Me interesan de forma muy especial aquellos creadores que no gritan, aunque a veces puedan escandalizar en su época (y esto sea dicho a pesar de que haya "escandalizadores" profesionales que realmente, me fascinan). 

Admiro a aquellos personajes que son capaces de sostener una respuesta ética, estética o espiritual propia (auténtica) frente a un mundo que se desmorona.

3. Sobre el arte y la cultura.

El arte no es, para mi, un simple catálogo de estilos o una sucesiva colección de "ismos": Es una forma de pensamiento encarnado; una muy seductora -y muchas veces hipnótica- manera de pensar, sentir y trascender la realidad.

Creo que la pintura, la música, la literatura y el pensamiento, -también el cine, claro- pueden  estudiarse como respuestas simultáneas a las mismas preguntas:

- ¿Qué hacer con el tiempo?.  -¿ Cómo vivir en el momento que nos toca, sin anclarse en el pasado y sin desarraigarse del presente?.  -¿Cómo habitar la memoria?.  -¿Cómo vivir después la perdida, sin dejarse arrastrar por la melancolía o el inmovilismo?.  -¿Qué queda del ser humano tras la guerra, el exilio, la persecución ideológica o la particular e indeleble fractura interior?

No quiero -ni puedo, realmente- jerarquizar las obras por su posible impacto histórico inmediato, sino por la densidad humana que soy capaz de ver o intuir en ellas.

-4. Sobre las figuras olvidadas.

Reivindico el estudio de autores y artistas marginales o secundarios (hombres y mujeres), no como mera curiosidad sobre la veleidad de la memoria socio-histórica, sino como una verdadera necesidad epistemológica. En ellos se conservan, en muchas ocasiones:

-Formas de continuidad ética;  

-Resistencias silenciosas y, a veces, reprimidas;  

-Alternativas no triunfantes (pero dignas de tenerse en cuenta) a la narrativa imperante del progreso perpetuo.

En mis indagaciones y trabajos busco, de alguna manera, restituir y reivindicar la complejidad, no reescribir héroes o resucitar fantasmas.

-5. Sobre la espiritualidad.

La espiritualidad que me interesa en este momento de mi vida no es dogmática ni institucional.

Estoy en un proceso de búsqueda, a veces fragmentaria, a veces -incluso- contradictoria, que atraviesa muchas fuentes diferentes, tradiciones antagónicas y vivencias personales determinantes.

No busco "pureza" moral ni la coherencia perfecta (a fin de cuentas humanos somos). De hecho acepto la ambigüedad como parte constitutiva de la experiencia humana, sin que por ello acepte un relativismo constante, utilitarista y simplón abocado a la tergiversación y a la deconstrucción estúpida y sin sentido.

-6. Método personal.

Mi método  de trabajo (por llamarlo de alguna manera) se basa en cinco principios o aspiraciones principales:

-Integración: Cada figura que despierta mi interés debe encajar en un marco más amplio.

-Archivo vivo: Una lectura o indagación no puede cerrarse a una única perspectiva. Mirar desde  diversos ángulos puede contribuir a acercarse a una visión mas certera o ajustada.

-Ejes transversales antes que cronologías rígidas.

-Lectura lenta, sosegada y lo más variada posible.

-Síntesis propia, personal, como parte necesaria y como horizonte que sostiene mis pretensiones intelectuales.

De hecho no trabajo ni indago para concluir rápido y "alimentar" mis blogs o saciar mis curiosidades, lo hago para encontrar y sedimentar sentido.

-7.  Ética del trabajo intelectual.

Escribo este manifiesto como recordatorio y como compromiso en un intento personal de:

-No reducir la complejidad para hacerla más manejable (salvo determinadas excepciones expositivas); 

-No confundir novedad con profundidad; 

-No sacrificar la dimensión humana en favor del sistema o la ideología;

-Escribir solo sobre aquello que, honestamente, crea que podría defender en el tiempo (el conocimiento que busco no tiene nada que ver con el espectáculo).

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En cualquier caso, este manifiesto NO es definitivo.

Es un punto de apoyo.

Lo revisaré, ampliaré o matizaré con el paso del tiempo aunque nace con la vocación de no ser olvidado.

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miércoles, 13 de marzo de 2024

Giuseppe Abbati (1836 Nápoles - 1868 Florencia). Macchiaioli.

 Giuseppe Abbati, pintor italiano de estilo cercano al impresionismo (grupo de los Macchiaioli), estudió con su padre, Vincenzo AbbatiVincenzo Abbati - Wikipedia, la enciclopedia libre


Posteriormente continuaría su formación con Grigoletti en la Academia de Venecia, lugar en donde entró en contacto con Telemaco Signorini y Vito d´Ancona. 

Telemaco Signorini - Wikipedia, la enciclopedia libre

Vito D'Ancona - Wikipedia, la enciclopedia libre

Hijo de su tiempo, en 1859 formó parte del movimiento garibaldino y en una de las batallas en las que participó perdió un ojo.

En 1860 regresó a Florencia, frecuentando el café Michelangiolo y practicando la pintura al aire libre con su amigo Diego Martelli en Castiglioncello.

Caffè Michelangiolo - Wikipedia, la enciclopedia libre

Diego Martelli - Wikipedia, la enciclopedia libre

Tristemente, murió en 1868 debido a la mordedura de un perro rabioso.

Giuseppe Abbati — Google Arts & Culture










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 Javier Nebot

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